Todo el patio estaba lleno. Parecía estar fresco porque la abuela tenía puesto un saco, pero yo no tenía frío. Toda la ropa era blanca. Mi pelo no había terminado de secarse. “Salir con el pelo mojado te va a hacer mal”, gritaba mi mamá mientras me corría por la casa, con el secador en una mano y el peine en la otra.
No quiero. Me duele. “Mi pelo está bien así”. Me peinó a regañadientes.
“Vamos, ahora chicos”. Caminé a mi lugar mirando el piso. Estaba oscuro y no se veía mucho. Levanté la mirada y vi gente. Mucha. No me importó. Solo buscaba una cara conocida.
Vi a mi papá saludando a lo lejos con la filmadora lista. Mi mamá me miraba mientras mecía el cochecito. Mi hermana no llora.
Arriba hay luces. Vuelvo a mirar al frente. Se escucha la música.
En mis manos tenía listos los pompones de papel creppé de muchos colores. Mi papá había recortado mucho papel. “Que lindo, papi”.
Me gustaba la canción. Hablaba del arcoiris. “Nunca vi un arcoiris”.
Empezamos. Todos corremos en ronda, cantando y bailando, agitando los pompones.
Me pisaron. Un pompón se rompió. Mamá. Papá. Abuela. Aby.
No había nadie para arreglarlo. La ronda seguía. Me iban a pisar.
Agarré el pompón del suelo y apreté fuerte mi pulgar contra el marcador sin tinta que debía sostenerlo. “Nadie lo sabe, solo yo”.
Seguí bailando.
Terminó la canción. Caminé hacia adelante y volví a mirar al frente. Pestañeé muchas veces. Me había olvidado de la gente. Otra vez mi papá saludando. La cámara. Mi mamá. Y la abuela con el saco. Y mi otra abuela. Y el Aby.
Sonreí. Y me reí. Y me tenté. Estaba feliz. Saludé con una mano. El pompón roto se volvió a caer. Me reí. No importaba.
Y empezó Sailor Moon. Era lo que estaba esperando. Había grabado el último capítulo en ese cassette y no sabía dónde. “Siempre me confundo el Rew y el Fwd”.
Saqué el cassette y caminé al patio. Me puse a llorar. Mi mamá me miró. “No pasó nada” le dije a mi mamá, y le mostré el cassette. El video de mi acto de Sala de 4 estaba intacto. “Fue sin querer” dije. Y lloré un poco más.
Mi mamá me abrazó. “No pasa nada, cholita, es un cassette" dijo. "No llores”, y me secó las lágrimas.
La abracé fuerte, fuerte. Después me paré y agarré el cassette.
Me quedé un rato mirándolo mientras mi mamá trataba de desenmarañar mis rulos.
Me paré arriba del banquito que había en el patio, de ese donde me paraba y tiraba cosas a la casa de la vecina. La miro a mi mamá. Miro el cassette. Y vuelvo mi mirada a ella.
“Mami, puedo aprender a bailar?”
Mamá sonrió. "Claro que si" respondió. Y después recordó mi primer día de Jardín de Infantes. Y de prescolar. Y de colonia. Y entonces dijo "Eso sí, si me llamas llorando para que te vaya a buscar porque te da vergüenza y extrañas, no voy a ir”.
Y no llamé.
La clase duró dos horas.
A mi
me pareció
mucho
menos
tiempo.
"Querés que te acompañe?"
"No, voy sola". Y volví. Otra vez.
No quiero. Me duele. “Mi pelo está bien así”. Me peinó a regañadientes.
“Vamos, ahora chicos”. Caminé a mi lugar mirando el piso. Estaba oscuro y no se veía mucho. Levanté la mirada y vi gente. Mucha. No me importó. Solo buscaba una cara conocida.
Vi a mi papá saludando a lo lejos con la filmadora lista. Mi mamá me miraba mientras mecía el cochecito. Mi hermana no llora.
Arriba hay luces. Vuelvo a mirar al frente. Se escucha la música.
En mis manos tenía listos los pompones de papel creppé de muchos colores. Mi papá había recortado mucho papel. “Que lindo, papi”.
Me gustaba la canción. Hablaba del arcoiris. “Nunca vi un arcoiris”.
Empezamos. Todos corremos en ronda, cantando y bailando, agitando los pompones.
Me pisaron. Un pompón se rompió. Mamá. Papá. Abuela. Aby.
No había nadie para arreglarlo. La ronda seguía. Me iban a pisar.
Agarré el pompón del suelo y apreté fuerte mi pulgar contra el marcador sin tinta que debía sostenerlo. “Nadie lo sabe, solo yo”.
Seguí bailando.
Terminó la canción. Caminé hacia adelante y volví a mirar al frente. Pestañeé muchas veces. Me había olvidado de la gente. Otra vez mi papá saludando. La cámara. Mi mamá. Y la abuela con el saco. Y mi otra abuela. Y el Aby.
Sonreí. Y me reí. Y me tenté. Estaba feliz. Saludé con una mano. El pompón roto se volvió a caer. Me reí. No importaba.
Y empezó Sailor Moon. Era lo que estaba esperando. Había grabado el último capítulo en ese cassette y no sabía dónde. “Siempre me confundo el Rew y el Fwd”.
Saqué el cassette y caminé al patio. Me puse a llorar. Mi mamá me miró. “No pasó nada” le dije a mi mamá, y le mostré el cassette. El video de mi acto de Sala de 4 estaba intacto. “Fue sin querer” dije. Y lloré un poco más.
Mi mamá me abrazó. “No pasa nada, cholita, es un cassette" dijo. "No llores”, y me secó las lágrimas.
La abracé fuerte, fuerte. Después me paré y agarré el cassette.
Me quedé un rato mirándolo mientras mi mamá trataba de desenmarañar mis rulos.
Me paré arriba del banquito que había en el patio, de ese donde me paraba y tiraba cosas a la casa de la vecina. La miro a mi mamá. Miro el cassette. Y vuelvo mi mirada a ella.
“Mami, puedo aprender a bailar?”
Mamá sonrió. "Claro que si" respondió. Y después recordó mi primer día de Jardín de Infantes. Y de prescolar. Y de colonia. Y entonces dijo "Eso sí, si me llamas llorando para que te vaya a buscar porque te da vergüenza y extrañas, no voy a ir”.
Y no llamé.
La clase duró dos horas.
A mi
me pareció
mucho
menos
tiempo.
"Querés que te acompañe?"
"No, voy sola". Y volví. Otra vez.